Qué fácil enredarse con tu pelo, qué inercia, qué tímido. Se me ponen las manos rojas y la sangre azul. Tú no lo sabes pero la habitación vive en el color del atardecer constante, es color naranja...naranja zumo natural.
Y cuando pienso en todo lo que he perdido, me doy cuenta de que he ganado cada pedacito de lo que soy y que llego preparada a la batalla, que se me ablanda el corazón pero porque tú me lo pisas. No hay que mirar más allá del miedo, dónde nacen los impulsos que nos dibujan.
Bendito pecado.
Amen y amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario